Hay conciertos que se disfrutan y otros que dejan una huella difícil de explicar. El de Valeria Castro en el Teatro Real pertenece a esa segunda categoría. Una de esas noches en las que la música encuentra la forma de quedarse contigo mucho después del último aplauso. La sensibilidad, la ternura y la emoción se adueñaron del escenario para recordarnos que las canciones también pueden abrazar.
Para quienes seguimos el camino de Valeria desde sus primeros pasos, verla llenar por completo un recinto tan emblemático como el Teatro Real supone contemplar la materialización de un sueño. No solo el suyo, también el de quienes han crecido junto a sus canciones. La propia artista recordó que catorce años atrás había visitado ese mismo teatro acompañada de sus padres. Aquella niña difícilmente podía imaginar que algún día sería ella quien recibiría una ovación cerrada sobre ese mismo escenario.
La cita formó parte del festival Revolution 65, una parada especial dentro de la gira con la que está despidiendo «el cuerpo después de todo». Arropada por su banda habitual —cuerdas, percusión y vientos—, la canaria hizo suyo un espacio acostumbrado a las grandes voces de la ópera. Caminó por sus tablas con la elegancia que caracteriza cada uno de sus conciertos, demostrando que la delicadeza nunca está reñida con la fuerza.
El recorrido musical atravesó las distintas etapas de su carrera. De Chiquita sonaron «ay», «amor», «la corriente», «guerrera» y «cuídate», canciones que condensan la esencia más íntima de una artista que nunca ha tenido miedo de mostrarse vulnerable. «Guerrera» volvió a emocionar con su desenlace a capela y con la dedicatoria a su madre y a su abuela Micaela, un instante que invita inevitablemente a pensar en esas mujeres que sostienen nuestras vidas. En «cuídate», sentada al borde del escenario, el silencio previo a la ovación pareció detener el tiempo. Y durante «la corriente», una delicada coreografía añadió aún más belleza a una interpretación ya de por sí mágica.
El protagonismo de la noche recayó, como era de esperar, «en el cuerpo después de todo». Temas como «la soledad», «tiene que ser más fácil», «honestamente», «parecido a quererte», «debe ser», «devota», «el tiempo que no estés» y la canción que da título al álbum dibujaron el retrato de una artista que ha aprendido a convivir con sus límites. Canción tras canción, Valeria recordó que el cuerpo no siempre puede sostenerlo todo y que reconocer esa fragilidad también es una forma de fortaleza. El repertorio principal concluyó con «sobra decirte que siempre pienso en ti», una declaración de amor a Madrid que puso el broche a un bloque cargado de emoción.
Si hay algo que define la trayectoria de Valeria Castro es su capacidad para compartir la música. En esta ocasión eligió «Hoxe, maña e sempre«, la colaboración con Tanxugueiras, que interpretó junto a las mujeres de su banda, convirtiendo el escenario en un espacio de complicidad y sororidad.
También hubo espacio para mirar atrás y regresar a con cariño y con cuidado, el disco con el que tantas personas descubrieron su universo. Sonaron «dentro», «abril» y «mayo», «la raíz» y «poquito», canciones que siguen conectando con la tierra, con los afectos y con esa manera tan particular que tiene Valeria de transformar lo cotidiano en algo profundamente emocionante.
El cierre llegó con «sentimentalmente», capaz de poner en pie a todo el Teatro Real al ritmo de una cumbia que rompió la solemnidad del recinto sin perder un ápice de autenticidad. Fue la mejor manera de despedir una noche que dejó una certeza compartida: Valeria Castro ha construido su carrera desde la vulnerabilidad, la honestidad y la ternura. Son canciones que la han acompañado a ella en su camino, pero que también han encontrado un hogar en quienes las escuchan.
Con este concierto, la compositora canaria culmina un año excepcional sobre los escenarios y confirma el extraordinario momento artístico que atraviesa. El Teatro Real fue testigo de una noche histórica, una más en la trayectoria ascendente de una artista que ha demostrado que la emoción también puede llenar algunos de los escenarios más importantes del país.






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