Rosalía inauguró este lunes en Lyon su esperada gira mundial, el ‘Lux Tour’, con un espectáculo que confirma el giro estético y musical que ya anticipaba su último disco. Ante unas 15.000 personas en el LDLC Arena, la artista catalana presentó un montaje que desborda el formato tradicional de concierto para acercarse a la lógica de las artes escénicas: una propuesta estructurada en actos, con oberturas, interludios y una narrativa visual que recorre distintas identidades y estados emocionales.
El arranque escénico marcó desde el inicio ese cambio de registro. Rosalía apareció emergiendo de una caja, vestida como una bailarina de ballet, en una imagen que sintetiza buena parte del universo simbólico del espectáculo: una mezcla de referencias clásicas, religiosas y contemporáneas. A partir de ahí, el concierto se despliega como un viaje que combina ópera, danza, electrónica y cultura pop, con una escenografía dominada por la presencia de una orquesta situada en forma de cruz en el centro del escenario.
Del disco conceptual al escenario
El ‘Lux Tour’ funciona como extensión directa de Lux, el cuarto álbum de Rosalía, publicado en noviembre de 2025. El disco, concebido en varios “movimientos” y con canciones en múltiples idiomas, fue recibido como una de sus obras más ambiciosas, alejándose de los códigos del pop inmediato para acercarse a estructuras más propias de la música clásica contemporánea.
Ese planteamiento se traslada al directo con una estructura dividida en actos, que incluye momentos puramente instrumentales y una clara vocación narrativa. El repertorio se centra casi por completo en el nuevo trabajo —con temas como Sexo, violencia y llantas, Mio Cristo Piange Diamanti o Berghain— mientras que canciones de Motomami aparecen recontextualizadas dentro del espectáculo.
Más significativa resulta la ausencia casi total de El mal querer, el disco que la consolidó internacionalmente. Lejos de responder a un olvido, la decisión parece deliberada: el concierto no se plantea como una celebración retrospectiva, sino como la presentación de un nuevo lenguaje artístico.

Un escenario entre lo sacro y lo contemporáneo
Uno de los rasgos más destacados del arranque de la gira es su dimensión simbólica. El uso de elementos religiosos —desde la disposición en cruz de la orquesta hasta la iconografía de ciertos vestuarios— convive con referencias a la cultura de club y la electrónica más contemporánea. El resultado es un espectáculo que oscila entre lo litúrgico y lo nocturno, entre la solemnidad y la experimentación.
A ello se suma una construcción visual marcada por cambios de vestuario, coreografías y dispositivos escénicos como un confesionario o grandes telones móviles. Todo contribuye a reforzar la idea de un concierto concebido como obra total, donde la música es solo uno de los elementos de una experiencia más amplia.
El inicio de una gira global
El concierto de Lyon marca el inicio de una gira que recorrerá más de 30 ciudades en Europa, América y Latinoamérica hasta septiembre. Se trata de la primera gran gira de Rosalía desde 2022 y, también, de la más ambiciosa de su carrera en términos de producción y escala.
El arranque deja varias claves sobre lo que será este recorrido: un espectáculo en evolución, con margen para ajustes en repertorio y puesta en escena, y una propuesta que exige al público una forma de escucha distinta, menos centrada en la sucesión de éxitos y más en la experiencia global.
En ese sentido, el ‘Lux Tour’ no solo presenta un nuevo repertorio, sino que redefine el lugar del directo dentro de la trayectoria de Rosalía. El concierto deja de ser un escaparate de canciones para convertirse en un espacio de experimentación donde confluyen música, imagen y dramaturgia. Un movimiento que, en su primer capítulo en Lyon, sitúa a la artista en un territorio poco habitual dentro del pop contemporáneo: el de quienes utilizan el escenario no solo para interpretar, sino para construir una obra.






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